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LÍNEA EDITORIAL DE DRACMA – 17 de noviembre de 2008
Dracma.com.uy inicia su vida periodística en una coyuntura considerada histórica por
las incertidumbres que existen en torno al futuro de la economía y también de los
paradigmas, si es que es posible hablar de ellos, y de las ideas básicas que los grandes
líderes del mundo empiezan a discutir para enfrentar el crac financiero y el derrumbe
económico más importante desde la crisis de 1929.
Así como de la crisis del ‘29 surgió el New Deal de Franklin Delano Roosevelt o de
los Acuerdos de Bretton Woods (Del 1º y el 22 de julio de 1944) las reglas para las
relaciones comerciales y financieras entre los países industrializados, la creación del
Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional y el uso del dólar como moneda
internacional, existe consenso en la elite internacional en que en los próximos años,
para bien o para mal, el mundo ya no será el mismo; hay coincidencias entre los
países miembros del G-20 en que es necesario lanzar un plan masivo de acción
pública (léase “estímulos fiscales”), iniciar una reforma del sistema financiero y
acelerar la liberalización comercial. Los jefes de Estado y de gobierno no muestran
todavía más coincidencias para hacer frente al tsumani económico que azota al globo
y existe la sensación que el debate está impregnado de retórica. Es más, Estados
Unidos y la mayoría europea discrepan sobre un asunto muy de fondo: si es es
necesario o no más capitalismo o menos capitalismo para retomar el crecimiento y el
desarrollo. En el primer grupo se sitúan el presidente saliente George W. Bush y
algunos europeos díscolos (Sarkozy y Berlusconi). En ese sentido es clave el papel
del primer ministro británico Gordon Brown cuyo liderazgo ha sido muy importante
en los últimos meses.
En Dracma.com.uy estamos convencidos que no hay nada que inventar y que la
propia historia económica nos muestra lo que hay que hacer y lo que no hay que
hacer. Hay buenas políticas y malas políticas y de ello dependerá el futuro del mundo.
No existen las políticas neutras. Como dice el pensador francés Guy Sorman “sólo en
el curso del siglo XX, las malas políticas económicas devastaron las naciones y
causaron más víctimas que cualquier epidemia”.
Esas malas políticas siempre estuvieron vinculadas a los excesos del Estado, a la
emisión de monedas sin respaldo, a la inflación e hiperinflación, a las limitaciones al
comercio... No hay nada nuevo bajo el sol.
En Dracma.com.uy creemos, y por ello actuaremos desde está página como un tábano
y aguijonearemos a esas malas políticas que advirtamos en nuestra comarca, que hay
dos o tres ideas básicas que nadie debería discutir y sobre las cuales existe consenso
entre los economistas.
En primer lugar, el papel central del mercado como dinamizador de la economía. Son
muy pocos los que se atreven a reivindicar el socialismo de Estado -aunque hay que
admitir que todavía los hay, en particular en América Latina y en Uruguay- que creen
que ese sistema económico es la salvación y no la perdición como muestra la historia.
Pero, por mal que le pese a algunos, desde la década de los ‘90 sólo existe el
capitalismo de mercado o la economía liberal. Esto nadie puede negarlo.
En segundo lugar, para que se desarrolle un mercado dinámico el papel central lo
tiene el sector privado. Son las empresas privadas chicas, medianas y grandes, los
motores y los engranajes de la economía. Esto también lo muestra la historia.
¿Quiere decir que el Estado está ausente del desarrollo? Todo lo contrario, el Estado
tiene un papel muy importante como regulador, pero hay que descartar de plano su
desempeño como hacedor económico. El Estado debe controlar que exista
competencia, evitar los monopolios y hacer cumplir reglas claras y transparentes a
todos los miembros de la sociedad: familias, empresas y a la propia Administración.
Es decir, reivindicamos un sistema liberal donde la propiedad es privada, la
competencia interior y exterior es la regla -el Estado es el garante de esas reglas- y la
producción está determinada por las iniciativas de los empresarios.
Con esas sencillas ideas es que damos comienzo a este proyecto periodístico, y a
quienes puedan creen que se trata de una aventura romántica debido a las turbulencias
y al mal tiempo, les decimos que está demostrado, aunque obviamente la confianza se
puede transformar en desazón, que los períodos de crisis son también períodos de
oportunidades. Depende de nosotros. |